Cuando era niño, no conocía muy bien los límites de mi discapacidad. Y quizás fue eso lo que me permitió soñar en grande. No había en mí una idea clara de lo que no podía hacer. En cambio, había un fuego interno que me hacía pensar que podía avanzar, crecer, aprender y lograr lo que me proponía. Hoy le pongo nombre a ese fuego interno: “metas claras”. Y con ellas vino algo más profundo que el deseo: la fe.


Jesús habló una vez de la fe como un granito de mostaza. Una semilla diminuta capaz de mover montañas. Hoy entiendo que esa fe no solo se refiere a creer en Dios, sino también a creer en uno mismo. Porque cuando uno se convence con el alma de que algo es posible, algo se empieza a mover dentro y fuera de nosotros.
Aunque mi cuerpo no podía moverse con facilidad, mi convicción empezó a mover montañas invisibles: montañas de miedo, de inseguridad, de prejuicios sociales, de dolor. Y cada paso que no pude dar con las piernas, lo di con disciplina, con estudio, con propósito. Así descubrí que tener fe no es cruzarse de brazos esperando un milagro: es trabajar con el corazón encendido por una promesa interna.


Tener fe es lanzarse, incluso cuando no se sabe cómo será el camino. Es levantarse cada día con la certeza de que se puede, aunque nadie más lo vea. Es decidir que lo que nos define no es el obstáculo, sino la forma en que lo enfrentamos.
Por eso, invito a quien lea esto a dejar de enfocarse en las dificultades, a no paralizarse pensando en todo lo que puede salir mal o en cómo se va a lograr algo. El exceso de análisis a veces es el peor enemigo de la acción. No te llenes de estrés por no tener todo claro. En lugar de eso, lánzate. Cree. Camina. Rodéate de la idea de que sí es posible.
No es necesario tener el proceso definido. Basta con tener el objetivo claro y una determinación firme. Porque en el intento aparecerán los aliados, las herramientas, los aprendizajes. Y lo más hermoso es que ese camino inesperado te va a formar, te va a fortalecer, te va a dar un carácter que no se consigue de otra manera.


Ten fe como un granito de mostaza. Tal vez no veas el cambio de inmediato. Pero un día mirarás hacia atrás y descubrirás que sin darte cuenta moviste montañas que antes parecían imposibles.

Por: Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica.Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica

2 respuestas a “Un granito de mostaza en uno mismo”

  1. Avatar de Luz enid vera Fernández
    Luz enid vera Fernández

    Que ves un ejemplo y lo admiro mucho Dios lo bendiga 🫂🫂

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  2. Avatar de Samuel Jose Barraiz Bermudez
    Samuel Jose Barraiz Bermudez

    Gracias pr el texto, es muy bien explicado.😌

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