La vida es como un viaje en avión. Un vuelo largo, impredecible, lleno de turbulencias, con cambios de ruta, conexiones que no entendemos, y otros pasajeros que van y vienen, cada uno con su propio afán y destino. Cuando despegamos por primera vez, no tenemos ni idea de cómo será nuestro  trayecto, pero confiamos en otros pasajeros para orientarnos en el vuelo . Solo después, con el tiempo, con las millas  nos damos cuenta de que ese avión no nos lleva tanto hacia fuera como hacia dentro.


Tengo 37 años, una discapacidad física que me acompaña desde niño y una silla de ruedas que me ha ofrecido más pausas que movimiento. Y en esa quietud que al principio sentí como un límite encontré un espacio profundo para observar y comprender lo que muchas veces el ritmo acelerado del mundo no deja ver: que la vida es un privilegio inmanejablemente milagroso.
Sí, vivir es un milagro pues no encuentro otra palabra para explicar el sentir la la sensación de respirar, amar, sentir, compartir risas, llorar con sentido, tener una conversación sincera o simplemente contemplar una emoción 


La mayoría aprendemos a vivir cuando ya no nos queda mucho tiempo. Y no deberíamos culparnos por eso. Esta es, al fin y al cabo, la primera vez que vivimos. o al menos la primera vez que lo recordamos.


La discapacidad me ha dado lecciones que ningún libro ni universidad me hubiera enseñado. Me regaló la posibilidad de quedarme quieto para ver más allá del de lo luminoso y para escuchar más allá del ruido. Y así descubrí que el sentido de este viaje no está en llegar rápido a ninguna parte, ni en acumular sellos en un pasaporte, ni en subir a los vuelos más confortantes. El verdadero viaje es el que hacemos hacia el corazón, hacia lo más humano que hay en nosotros, en el servicio a los demás.


He entendido que la felicidad no es una meta, sino una forma de transitar. Que vivir con plenitud significa caminar o rodar, en mi caso en amor, justicia, paz, compasión, fe, esperanza y caridad.


Los logros, los títulos, los bienes, todo eso  permanece con sentido si lo  hiciste para servir a los demás, así como te sirve  a ti mismo , y entidades qué ese es el equipaje que vale la pena llevar.
Amigo lector,  si hoy te sientes perdido, ansioso por llegar a “algún lugar” o frustrado porque tu avión cambió de destino, respira. A veces los cambios de ruta son la forma en que la vida nos muestra que no era hacia afuera donde debíamos ir, sino hacia dentro.


Y cuando por fin lo entiendes, cuando te reconcilias con tu historia, con tus limitaciones, con tus heridas, te das cuenta de que has aterrizado en el lugar correcto: en ti mismo.

Por: Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica.Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica

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