Me gusta pensar en las instituciones públicas como un cuerpo humano. Un cuerpo que nace, crece, desarrolla habilidades, memoria cívica y propósito social . Pero como cualquier cuerpo, también puede enfermar. Y si no se le cuida, si se ignoran los síntomas o se aplican tratamientos equivocados, el daño puede ser irreversible y la vida dolorosa .
Las enfermedades más comunes de nuestras instituciones en Colombia —y en departamentos como Risaralda o municipios como Pereira— no son nuevas, pero sí persistentes. Hablamos de corrupción estructural, clientelismo, falta de continuidad en políticas públicas, débil articulación institucional, y una preocupante ausencia de liderazgo inclusivo. Estas dolencias no solo desgastan el sistema; también debilitan la democracia y la confianza ciudadana.
Este artículo no es diagnóstico porque no lo nutri con cifras, es mas bien una recomendación sana. Es un llamado directo a los partidos políticos —desde las colectividades tradicionales hasta los nuevos movimientos— a que asuman un papel más responsable en la recuperación del cuerpo institucional. Porque lo cierto es que muchas de estas enfermedades tienen origen en la forma como se concibe y se hace política en nuestros territorios.
Los partidos, más que maquinarias electorales, deberían ser guardianes de la ética pública. Pero en la práctica, con demasiada frecuencia, imponen funcionarios por favores, desconocen los procesos sociales construidos por la ciudadanía, o se interesan más por el poder que por el servicio. ¿Cómo puede sanar un cuerpo si el tratamiento viene de quienes promueven la infección?
La Gobernación de Risaralda y el municipio de Pereira enfrentan serios desafíos: brechas sociales, abandono rural, rezagos en tecnología, baja inversión en discapacidad y juventud, fragmentación institucional. Resolverlos requiere continuidad en las políticas, meritocracia en los nombramientos, y decisiones alineadas con el interés general, no con cuotas políticas.
También se necesita voluntad política para fortalecer la participación ciudadana real, no solo cumplirla por formalidad. Porque los comités, consejos y veedurías no deben ser escenarios decorativos, sino espacios con poder de incidencia.
Los partidos tienen hoy una gran oportunidad: transformarse desde adentro. Apostar por la formación de cuadros éticos, abrir espacios para liderazgos diversos, incluyendo personas con discapacidad, jóvenes y mujeres y comprometerse con la planeación territorial a largo plazo. Colombia ya no necesita partidos que ganen elecciones, sino partidos que ayuden a sanar el cuerpo institucional
Por: Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica.Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica






Deja un comentario