Nací en una familia católica promedio de Colombia y, como tú, amiga o amigo lector, ya sabes, con una discapacidad severa. Desde pequeño me enseñaron a pedirle a Dios sus milagros y a asistir a la iglesia los domingos; sin embargo, debo confesar que el espíritu inquieto que Dios me dio no se sentía cómodo con la exagerada misericordia oral que recibía. Los mismos sacerdotes me decían que las personas con discapacidad existíamos para recibir la caridad de Dios, y aunque como seguidor de Jesús creo firmemente que el mundo es un lugar mejor cuando hay caridad, en lo profundo de mi ser sabía que esos sacerdotes no comprendían que las personas con discapacidad existimos también para promover la justicia social y mostrar la gloria de Dios desde nuestra dignidad, no desde la lástima. De esa manera, me puse a investigar la relación del Papa Francisco con nosotros las personas con discapacidad
Bien, desde el inicio de su pontificado, Francisco ha insistido en que la discapacidad no puede ser vista como una “anomalía” ni como una “carga”. Por el contrario, ha invitado a reconocer en ella una riqueza humana y espiritual. En 2016, 
“La discapacidad no hace menos valiosa a una persona. Todas las personas, con sus cualidades y sus límites, son igualmente dignas y merecedoras de amor.”

Estas palabras no fueron solo gestos de buena voluntad. El Papa Francisco ha impulsado cambios concretos dentro de la Iglesia para garantizar una participación más activa de las personas con discapacidad en la vida eclesial. En 2020, el Vaticano publicó un documento inédito titulado “La Iglesia es nuestra casa”, promoviendo una pastoral inclusiva que no solo acoge, sino que reconoce a las personas con discapacidad como sujetos activos de evangelización, no como simples receptores de caridad.
“La verdadera inclusión no se hace con palabras bonitas o eventos puntuales, sino reconociendo los talentos de cada uno y permitiendo que esos talentos florezcan para el bien de todos.”


Para quienes vivimos con una discapacidad, esto es un  mensajes poderosos que desafían una estructura social que aún suele ver la discapacidad como limitación en vez de posibilidad. El legado de Francisco nos invita a construir comunidades más fraternas, donde la diferencia no sea causa de exclusión sino motivo de encuentro.
“Una sociedad que no es capaz de acoger, integrar y dar oportunidades a las personas con discapacidad, es una sociedad enferma.”

Por: Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica.Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica

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