Para no perder la costumbre estaba sentado en mi silla de ruedas, cuando una mujer de ciencia conocedora de la química, la anatomía y que por su profesión médica seguramente a abordado de forma cercana las cuestiones de la muerte, planteó una pregunta que resonó profundamente en mi mente: “¿Crees en Dios?” La respuesta rápida fue sí, pero mi discernimiento no es tan sencillo como podría parecer.

Mi condición de atrofia muscular espinal me ha llevado a cuestionar y explorar diversas perspectivas espirituales y filosóficas, que quizás después aborde de manera profunda.
Después de que se marchó y dejo con generosidad una hermosa sonrisa que mis neuronas espejo imitaron, logro que ese día fuera algo más bonito, recordé al filósofo Baruch Spinoza y su concepto único de Dios. Con el cual me identifico. Y es que Spinoza, un pensador del siglo XVII, desafió las creencias tradicionales y propuso una visión más abstracta y cósmica de la divinidad. Su “Dios” no era un ser que habitaba en las iglesias, gruñón y castigador sino más bien una entidad cósmica que trascendía las limitaciones humanas de compresión y nos acompaña en su creación como la naturaleza y el sexo

También creo férreamente en que Dios nos guía como seres humanos hacia la armonía con la naturaleza y la comprensión de la vida que el creo y nos utilizo como recipiente de ella, creo que Dios nos orienta a la compasión y a la misericordia, escucha las plegarias de todos los seres vivos y alivia nuestro sufrimiento humano, no como un genio de la lampara si no a su modo.


Dios es en mi creencia, una infinita energía universal o multiversal , que nos acompaña a encontrar equilibrio y a practicar la humanidad. Desde mi silla de ruedas, encuentro consuelo en esa idea de un Dios que trasciende las limitaciones humanas y abraza la diversidad de experiencias para sentirlo cerca.


Espero que mi silla de ruedas sea mi portal hacia la comprensión de Dios, y que las incógnitas de esa sonriente mujer de ciencia sigan resonando en mi búsqueda constante de entender la vida

Por: Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica.Hamilton Ramírez Vargas Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica.

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