Ignacio Gómez Herrera. licenciado en etno educación y desarrollo comunitario de la universidad tecnológica de Pereira.

Según las diferentes concepciones el cielo; “ es el lugar espiritual donde mora dios, los ángeles y los buenos creyentes en almas yacerán eternamente en medios de mieles”, pero de manera contraria está el infierno: “como aquel lugar eterno o estado donde después de la muerte son torturados ternemente las almas de los malos creyentes”.
Cada vez que se me acerca o me acerco alguna persona con algún tipo de diversidad de movilidad o física, al adentrarme en sus historias y odiseas de cómo ha confrontado la búsqueda de una vida digna y ejemplarizante en especial a esos niños que ven de manera esperanzadora sus sueños, con algunos espacios físicos, una educación, deporte, cultura, participación ciudadana, una familia comprometida, un cuidador propugnando por su autonomía, una sociedad solidaria, unos lideres defendiendo sus derechos acompañado de un estado comprometido por sus obligaciones saturados siempre de inclusión, asequibilidad y accesibilidad, todo lo anterior me podría llevar a pensar que las personas con discapacidad de Colombia estamos conociendo el cielo, porque somos ángeles. Sin necesidad de morir.
Pero la realidad es como sus sueños, son fracturados confrontando espacios físicos inaccesibles, una educación segregada, un deporte elitista, una cultura para la discapacidad inexistente, participación ciudadana nula, pocas familias comprometidas, un cuidador negacionista de autonomía, una sociedad insolidaria, con lideres mercantilistas de derechos que a manera de asaltantes llegan a sumir discapacidad inexistentes cayendo en la representatitis, amparados en lo legal pero pisoteando líneas rojas de inmoralidad y poca ética.
Todo lo anterior orquestado por un estado desligado de sus obligaciones saturados siempre de demagogia, con lo cual las personas con discapacidad de Colombia, entendemos que para conocer el infierno no necesitamos morir.
|Estamos viviendo en el infierno|
Pero lo podemos transformar con actitudes de accesibilidad mediante acciones individuales conjugándose de manera colectiva, pensando que las personas con discapacidad también alcanzaremos el cielo.

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