Por Hamilton Ramírez Vargas. Administrador publico, Gerente de proyectos, Licenciatura universitaria y programación neurológica
Hace dos años, Colombia legalizó el aborto en ciertas circunstancias. Sin embargo, como persona con discapacidad, quiero expresar mi opinión sobre una de las causales del aborto: la malformación del feto.
La vida de una persona con discapacidad no debería considerarse menos valiosa que la de alguien sin discapacidad. Cada vida es única y merece respeto y dignidad, independientemente de las condiciones físicas o mentales. Al enfocarnos en la malformación del feto como una razón para el aborto, estamos enviando un mensaje a la sociedad colombiana de que las vidas de las personas con discapacidad son menos importantes.
Reconozco que criar a un hijo con discapacidad puede presentar desafíos adicionales, especialmente en este país. Sin embargo, también creo que estas situaciones ofrecen oportunidades para el crecimiento personal, la empatía social y la solidaridad colectiva. Las personas con discapacidad podemos contribuir significativamente a la sociedad y enriquecer la vida de la familia de maneras inesperadas.
Pienso que en lugar de centrarnos en la malformación del feto como una justificación para el aborto, debemos como país abogar por una mayor educación y sensibilización. Necesitamos promover una comprensión más profunda de la diversidad humana y la aceptación de todas las personas, independientemente de sus habilidades físicas o cognitivas.
Desde una perspectiva más amplia, cada persona merece respeto y la oportunidad de vivir una vida plena, independientemente de las circunstancias corporales y socioeconómicas. Como dice mi buen amigo Hugo Castro el Estado colombiano debería garantizar las condiciones para que la vida de una persona con discapacidad se desarrolle de forma plena y no presidir de ella






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